Por: Ivonne Castillo
Hoy en la mañana meditaba un rato sobre lo difícil que es hacer la voluntad de Dios.
Aceptar la Voluntad de Dios, aún cuando seguido le decimos en el Padre Nuestro "Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo" es más complicado que como suena.
Es un gran reto mantenernos alerta y en conciencia. Jesús insiste mucho en que los discípulos permanezcan vigilantes, que no se duerman ni estén demasiado seguros de sí mismos, sino que estén atentos, porque el mal espíritu siempre aprovecha las ocasiones para entrar en nuestra casa y alejarnos del Señor. Y esto implica aprender a observarme cuando estoy experimentando la vida, los sentimientos, ya sean estos de amor, alegría, paz o cuando experimento enojo, tristeza, desesperanza. Necesito estar en conciencia para poder discernir.
Este fin de semana estuve frente a una situación complicada, muy complicada. Observándome, me di cuenta de que quería salir corriendo, mi humanidad toda revuelta me decía que corriera, mi mente buscaba la Paz, las imágenes pasaban por mi mente a gran velocidad. Muchas cosas podían pasar, veía escenarios terribles, y al mismo tiempo se cruzaban escenarios esperanzadores. Las lágrimas corrían y al mismo tiempo trataba de respirar, respiraba profundo, buscando la Paz. Esa Paz que solo Dios me brinda.
La voz en mi conciencia me dijo, calma, haz lo que predicas, confía, abandónate. Tú no tienes control de nada. Dios está a cargo de todo. Confía. Y poco a poco regresé a la Paz.
Con lágrimas en los ojos me dirigí a mi Padre y le dije: Tú estás a cargo. Te Amo, Te alabo, Te Sirvo en lo que puedo y en lo que quieres. Y reconozco y proclamo, Tú estás a cargo. Ni siquiera te diré como quiero que esto termine. Declaro con conciencia y confianza, ¡Hágase tu Voluntad! ¡Hágase tu Voluntad!
En el Padre Nuestro, hágase tu voluntad está antes que danos el pan de cada día. Creo que Dios sabe qué necesito, el proveerá lo que yo necesite, debo confiar en esto. Y antes que todo, debo buscar que se haga y hacer su voluntad.
Mi oración de hoy:
Señor Dios mío, Padre Misericordioso.
Te entrego mi voluntad, para que se haga la Tuya.
Mantén mi corazón vigilante para que ningún sentimiento vano se apodere de él.
Mantén mi mente despierta para que esté atenta a todo pensamiento para poder discernir.
Y cuando me esté desviando, porque lo haré, soy débil, y esté buscando justificar el hacer mi voluntad.
Tráeme de regreso al redil padre, te entrego mi voluntad.
Yo también Te Amo!

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