San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial, hoy me acerco a Ti buscando auxilio.
Me siento vulnerable, herido(a) y confundido(a); a veces mis emociones me dominan y caigo con facilidad en la tentación.
Con el poder que Dios te ha conferido, defiéndeme a mí y a mi familia.
Aleja de nosotros toda influencia del maligno, toda opresión espiritual y toda oscuridad que quiera perturbar nuestra paz.
Cúbrenos con tu escudo, y con tu espada encendida por la gracia abre caminos de luz y verdad en nuestro hogar.
Fortalece mi voluntad para resistir el mal y mantenerme fiel a Dios.
San Gabriel Arcángel, Fortaleza de Dios, entra en mi corazón e ilumina mis pensamientos cuando la confusión y el temor me rodean.
Haz resonar en mí la Palabra que libera, que corrige, que despierta, que me recuerda quién soy delante de Dios.
Dame la fortaleza interior que nace de la verdad, la claridad para reconocer las mentiras del enemigo y la firmeza para elegir lo que es bueno y justo.
Anuncia también en mi familia la buena nueva de la paz, la unidad y la restauración.
San Rafael Arcángel, medicina de Dios, toca mis heridas y toca también las de mi familia.
Sana nuestro cansancio emocional, nuestros miedos, nuestros recuerdos que todavía duelen, y todo aquello que nos hace caer.
Dame serenidad cuando mi corazón se agita, dominio de mí mismo(a) cuando mis emociones me sobrepasan y claridad cuando no sé cómo actuar.
Acompáñanos en nuestro camino y líbranos de todo mal visible e invisible.
Por la intercesión de los nueve coros angélicos, y confiando en la misericordia de Dios, pido que Su gracia descienda sobre mí y sobre mi hogar.
Que el Espíritu Santo me fortalezca en la lucha, que me guíe hacia la verdad,
y que la Virgen María nos cubra con su manto.
San Miguel, San Gabriel y San Rafael, defiendan mi vida y la vida de mi familia con la fuerza del Amor de Dios.
Amén.

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