Iniciar el día diciendo “Serviam”


Por: Ivonne Castillo

Antes de las prisas, antes de las noticias, antes de las preocupaciones y las listas pendientes, el corazón necesita orientarse. Y la oración de la mañana cumple precisamente esa función: poner el rumbo.

Al despertar, el alma aún está abierta, disponible. Por eso, es muy bueno que los cristianos ofrezcan a Dios el nacimiento mismo de sus pensamientos, antes de que el ruido del mundo los invada.

Entiende esto, hacer oración en la mañana no es una devoción piadosa más. Es un acto de libertad.

Serviam: hoy elijo servir

La palabra serviam significa simplemente: “serviré”.
Es una respuesta interior, breve y firme, que expresa una decisión: hoy no quiero vivir reaccionando, hoy quiero vivir ofrecido.

Decir serviam al comenzar el día no es prometer que todo saldrá bien, ni que no habrá cansancio, errores o tropiezos. Es algo más realista y más hondo:
Es elegir a Dios antes de que otras cosas nos elijan a nosotros.

Cuando una persona comienza el día diciendo —con palabras o con el corazón— “Señor, aquí estoy, cuenta conmigo”, todo cambia de perspectiva. El trabajo deja de ser solo obligación. El cansancio deja de ser solo carga. Incluso lo pequeño, lo repetitivo o lo que no sale como esperábamos puede convertirse en ofrenda.

El ofrecimiento de obras: vivir el día con sentido

También puedes hacer el ofrecimiento de obras; que es una oración sencilla que expresa un deseo profundo: que todo lo que hagamos, lo grande y lo pequeño, pueda ser vivido para la Gloria de Dios.

No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de vivir lo ordinario con un corazón entregado. Como dice san Pablo:

“Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús” (Col 3,17).

Ofrecer el día no significa negar el cansancio ni las luchas. Significa no caminar solos. Significa recordar que Dios no espera perfección, sino disponibilidad.

Ahora... un poco de realismo, hay mañanas difíciles.

Hay días en los que cuesta levantarse, en los que el ánimo pesa, en los que uno arrastra errores del día anterior o temporadas de desánimo. Precisamente ahí, la oración de la mañana cobra aún más valor.

Ofrecer el día no es decir: “todo lo haré bien”, sino:
“Señor, con esto que soy hoy, con mis límites y mi fragilidad, aquí estoy”.

Cada mañana es una oportunidad de comenzar de nuevo. Dios no nos mide por lo que ayer no logramos, sino por la confianza con la que hoy volvemos a Él.

Orar por la mañana es aprender a vivir acompañados

La oración matutina va educando el corazón en una actitud interior:
la certeza de que no estamos solos, de que Dios camina con nosotros, de que nuestra vida, tal como es, le importa.

A veces bastará una oración formal.
Otras veces, solo un suspiro, una mirada al cielo, una frase sencilla: “Aquí estoy, Señor”.
Y eso basta.


Si deseas comenzar cada día acompañado, con una oración sencilla y confiada, te invito a unirte a mi canal de WhatsApp “Luz para el Día – Oración diaria (con Ivonne)”. Aquí te dejo la liga.



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